¿Orgullo, miedo, arrogancia, vergüenza…? ¿O quizá un cóctel con un poco de todo ello…? Qué difícil es muchas veces dejarse ayudar aunque no sepamos muy bien por qué.


¿Orgullo, miedo, arrogancia, vergüenza…? ¿O quizá un cóctel con un poco de todo ello…? Qué difícil es muchas veces dejarse ayudar aunque no sepamos muy bien por qué.

En el desarrollo de nuestra actividad de gestión y solución de conflictos y situaciones difíciles, encontramos a menudo que nuestro mayor valor se centra en conseguir que una persona se deje ayudar. Ese secuestro amigdalino o emocional del que venimos hablando en otros posts y que padecemos ante las tensiones y conflictos nos cierra muchas veces a la escucha de todo, incluso de lo que se nos dice con ánimo de ser ayudados.

Nuestra cerrazón a escuchar y a abrir los ojos nos priva de una buena visión para contemplar la situación y vislumbrar otras salidas o alternativas para gestionar nuestros intereses. Las ideas que vienen “de fuera” las rechazamos con cierto automatismo sin ser capaces de ver que esas ideas pueden multiplicar las posibilidades de solución de un conflicto, la protección de nuestros intereses y la consecución de nuestros objetivos.

La impresión de que “nuestro caso” es muy especial o único, aderezada con nuestros orgullos, miedos o vergüenzas nos encierra y aísla en nuestro problema, pudiendo llevarnos a una ofuscación manifiesta (manifiesta para todos menos para quien se ofusca) y al rechazo de la escucha “real” de cualquier idea, ni si quiera para su consideración.

Pocas ayudas son, por tanto, tan valiosas como la de quien consigue amablemente des-ofuscar a quien lo está y le devuelve la posibilidad de contar con nuevos recursos para la gestión de sus asuntos. En general, conseguir hacer ese viaje de liberación de esos orgullos, miedos, arrogancias, o lo que en cada caso corresponda, será probablemente el eslabón de mayor valor para la gestión de nuestros intereses y conflictos, tanto en los aspectos económicos o materiales como en los meramente emocionales.

Por ello, aunque parezca cómico, algunas veces a nuestros potenciales clientes que curiosean sobre nuestra forma de intervención y ayuda, nuestra sugerencia es que nos pidan qué “les ayudemos a dejarse ayudar”.