Nos adentramos en un tiempo para refrescarnos, para sumergirnos en un estado de relajación y descanso que no tenemos a lo largo del año. Días para zambullirnos en el sueño de no tener obligaciones y para poner el cuerpo a bailar a un ritmo diferente que casi nos impide saber en qué día y hora vivimos. Momentos de pausa y miradas al horizonte para salpicarnos con pensamientos y sueños de novedades y cambios.

Aprovechemos para respirar ese aire fresco de los “lugares de vacaciones”. Es el aire de esta estación del año que aunque caliente por fuera nos airea y refresca por dentro. Es el aire que ponemos los que cansados de las exigentes atmósferas que vivimos a lo largo del año decidimos, al unísono y al son del mes de agosto, relajarnos y conceder a los demás el derecho a relajarse.

Aparquemos nuestras guerras y nuestros líos y disfrutemos del refrescante y renovador parón de vacaciones. Dejemos que esta parada cumpla su función en nuestras vidas. Las ideas, dudas, exigencias, desasosiegos y presiones del invierno se asientan en la profundidad de nuestras cabezas para descansar y diluirse subsistiendo solo en lo que verdaderamente merecen la pena. Y son esas ideas así asentadas las que suavemente removidas en una coctelera, con la tranquilidad, espontaneidad y libertad veraniegas, nos enriquecen con nuevas miradas y perspectivas que podremos saborear cuando llegue el siempre temido regreso a nuestras exigentes vidas cotidianas.

Seamos activos en descansar dejándonos y permitiéndonos hacer e ir donde la espontaneidad nos lleve, obligándonos únicamente a “no obligarnos” a nada o casi nada durante unos días.

Y así quienes, como yo, mantenemos el año escolar como referencia principal en nuestro calendario, seguro que el gozoso ritmo del tiempo de otro pasajero verano, recompondrá plenamente nuestras fuerzas y nos dará la luz y claridad que necesitamos para dar un refresco a nuestras vidas y enriquecerlas con un poco más de sentido en el próximo año escolar a la vuelta del verano.