¿Estás cansado de tu socio?

Casi todos los meses alguna persona me cuenta que tiene un socio del que «está ya muy harto». Todas me explican que las cosas ruedan con normalidad aparente y las formas se mantienen pero el hartazgo crece y la duda interna de “qué hacer” ante esa situación produce un constante desgaste personal y del negocio.

Quienes me cuentan eso me dicen que las conversaciones con su socio ya no llevan a ningún lado y tienen la impresión de que el otro socio está ofuscado y equivocado en sus planteamientos o bien que tiene una forma de comportarse inadecuada o inaceptable. Las perspectivas de ambos socios se hacen cada vez más marcadamente diferenciadas y resulta más y más difícil que alguien corrija “reconociendo” que estaba equivocado u ofuscado.

Todo se puede gestionar, pero para estos casos ninguna gestión es tan eficaz como la prevención.

Cuando iniciamos una sociedad, nos cuesta a todos mucho establecer medidas de “higiene de relación” que nos permitan asegurar que, en la convivencia y relación se producen las conversaciones necesarias para diluir las diferencias entre socios desde que surgen, lo que permite  encontrar fórmulas para llegar a un entendimiento común o bien para que conciliar las distintas visiones evitando que crezca un embrión de polarización de visiones que acaba tendiendo a la confrontación.

De alguna forma los nuevos socios son como los recientes novios que piensan que jamás se va a acabar su pasión amorosa y que con ella nada necesitan para resolver sus diferencias pues éstas no se producirán al vivir en idilio permanente.

Establecer esas medidas entre socios no es complicado cuando se reconoce la importancia de ellas. Hacerlo pasa fundamentalmente por celebrar, con formalidad y disciplina, reuniones con carácter periódico para tratar las diferencias de forma monográfica. Se crean así espacios de conversación limpia y transparente cuando las diferencias son meras discrepancias menores para evitar que las visiones de las cosas se vayan separando, generándose distintos entendimientos y juicios de ellas.

Estas conversaciones exigen aprender a distinguir y separar lo que son hechos, opiniones y sentimientos, pues solo desde la comprensión de esas diferencias se puede progresar hacia el entendimiento mutuo y el pleno respeto. Y desde luego la presencia de un tercero sin implicación ni emocionalidad como consejero o facilitador será siempre de gran ayuda en ello.

Mi consejo a los nuevos socios, como a los nuevos novios, es que se quieran mucho pero que no pierdan el realismo con su idilio y que establezcan medidas de “higiene de relación”. Y por supuesto que pongan un poco de flexibilidad y esfuerzo para entenderse y convivir pues todos ya sabemos que ni tener socios ni mantener un matrimonio toda la vida es tarea fácil si no trabajamos en ello.

Y quizá así podamos mantener la relación o el amor para toda la vida.

De alguna forma los nuevos socios son como los recientes novios que piensan que jamás se va a acabar su pasión amorosa y que con ella nada necesitan para resolver sus diferencias pues éstas no se producirán al vivir en idilio permanente.

Alfredo Sanfeliz

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