El mapa del conflicto de TWC coloca la resolución final de los conflictos en el llamado “Continente del Crecimiento”, donde las personas que los han gestionado con actitud y acciones adecuadas encuentran un inigualable espacio para su crecimiento y desarrollo personal.

Para entender nuestros conflictos debemos necesariamente partir de la “Isla del Origen” en la que, por ser propias de nuestra naturaleza humana, se encuentran las claves que los explican. Se trata de los instintos, emociones, sentimientos, creencias, motivaciones y fuerzas, no siempre conscientes, que determinan el comportamiento y las relaciones entre las personas y cuyo conocimiento resulta necesario para hacer un viaje seguro hacia ese “Continente del Crecimiento”.

Producido un choque de intereses que origina un conflicto, en el camino hacia su solución deberemos hacer una parada en la “Isla de los Sentimientos” para profundizar y entender, en cada caso, cuáles son esas emociones, sentimientos o intereses menos visibles que explican las conductas, reacciones, pretensiones y actitudes de las personas implicadas y que muchas veces se encuentran alejadas de una aparente racionalidad. Es en esta isla donde podemos comprender tanto la perspectiva individual de las partes, como el impacto que generan los grupos o sistemas en la explicación y el desarrollo de los conflictos y su importancia para la búsqueda de soluciones.

Paralelamente es también necesario adentrarnos en la “Isla del Análisis”, en la que deberemos preguntarnos lo que está en juego para las partes como consecuencia del conflicto. ¿Qué me estoy jugando? ¿Qué se juega la otra parte? Y también medir nuestras fuerzas y las contrarias. ¿Cuáles son las fortalezas y debilidades de unos y de otros en los distintos escenarios de evolución del conflicto? Las respuestas no surgen automáticamente ni con facilidad. Más bien al contrario debemos hacer un importante esfuerzo para que las distorsiones emocionales no nos lleven a dejar fuera de la lista aspectos de gran importancia para nosotros, que la falta de reflexión o nuestro orgullo nos impiden incluir. Me refiero a aspectos de gran valor como las relaciones personales, nuestro tiempo, el desgaste energético, la pérdida de oportunidades, la paz interior o el propio sueño y desde luego todos los aspectos económico-materiales que, de forma directa e indirecta, se encuentran en juego y que no siempre medimos con rigor.

Con estos deberes hechos podremos abordar nuestra navegación hacia el terreno de solución del conflicto y crecimiento, desplegando nuestras mayores habilidades y estrategias de actuación y relación con las otras partes del conflicto, para conseguir construir las mejores soluciones a la vista de las circunstancias que debemos mirar desde el realismo. Es en esa travesía, la de “El Paso de la Toma de Conciencia” donde muchas veces debemos enfrentarnos a nuestras verdades interiores, que explican muchas cosas de nuestros conflictos y que pueden suponer un campo de minas en el proceso de gestión de un conflicto.

Sin duda, nuestro mejor aliado en el camino será el compromiso con nosotros mismos para mantenernos, sin flaquear, en una actitud pragmática orientada a la consecución de nuestros objetivos, desactivando nuestro gorila interior que nos lleva a menudo a entrar en “La Isla del Bloqueo” con nuestros desahogos destructivos y muy contrarios a nuestros intereses. Una vez en ella solo una salida por “El Puente del Perdón” nos permitirá recuperar la senda constructiva.

Con el compromiso personal, el tacto en las relaciones y la decisión de dar prioridad a nuestros objetivos frente al “tener razón”, podremos asegurar la solución de lo que es solucionable y el abandono pragmático de causas perdidas, garantizando en todo caso nuestra evolución y crecimiento personal.