Que manía tenemos todos de querer tener razón cuando en realidad todos tenemos siempre razón. Lo que pasa es que cada uno tiene la suya. Una razón siempre subjetiva y acoplada a la historia y perspectivas de cada uno.


Habitualmente queremos entendernos con los demás demostrando que tenemos razón y que la otra parte no la tiene. Y que inútil resulta esa vía para solucionar conflictos o deshacer un nudo en nuestras relaciones.

Sin embargo, que poco nos dedicamos a escuchar y comprender a los demás, a saber por qué piensan lo que piensan y porque sienten que tienen razón. Pues esa escucha y comprensión si resultan eficaces, eficacísimas. Cuando alguien es comprendido y se siente comprendido se abre su disposición a ver también él las cosas de otra manera y a comprender por qué nosotros también pensamos que tenemos razón. Y así, comprendiéndonos unos a otros y los otros a los unos, conseguiremos entendernos, encajarnos y vivir un poco mejor y en sintonía en nuestras relaciones.

Escuchemos por tanto el doble de lo que hablamos, que para eso tenemos dos orejas y solo una boca.