Puedo recordar vagamente las voces de mi madre cuando, siendo pequeño y peleando con algún hermano, aceptando ella con cierta naturalidad la pelea, nos decía “niños no os peléis, y si os queréis pelear, al jardín”. A ninguna madre le gusta que sus hijos se peleen pero desde luego lo que no pueden tolerar es que le destrocen el salón.


Algo parecido nos pasa en los conflictos entre socios o directivos empresariales. Pero el problema es que en el contexto empresarial normalmente no hay una madre con autoridad suficiente para decir a las personas en conflicto: “El que quiera pelearse, a la calle”. Y, en ausencia de esa madre o autoridad, los directivos o socios, actuando muchas veces como niños guiados solo por emociones y, olvidando las responsabilidades de sus cargos o posiciones, se permiten utilizar la propia empresa como un “ring” para la pelea dañando seriamente la gestión y el valor empresarial.

Son muchos los casos públicos que se conocen y es claro el enganche emocional de los implicados. Pero es claro para todos menos para los implicados. Ya he tratado en algún post anterior los mecanismos de nuestro funcionamiento cerebral que dan perfecta explicación a este fenómeno de ceguera causado por el llamado secuestro amigdalino o emocional.

La reiteración de estas situaciones me hace muy defensor de la utilización en las empresas de ayuda externa tanto para prevenir y apagar los pequeños fuegos que pueden dar lugar a un conflicto facilitando diálogos difíciles, como para extinguir o atenuar las consecuencias de grandes incendios ya declarados en el mundo de los conflictos empresariales. Y nada como la figura del “Protector del valor empresarial” como facilitador, para evitar que las peleas o diferencias tengan efectos adversos internamente o en el valor de la empresa. Y por ello en la medida que el conflicto no sea evitable o solucionable con rapidez, el Protector del Valor Empresarial debe contribuir a asegurar que las peleas no se libran dentro de la empresa sino en el “jardín” para evitar destrozos en forma de deterioro de la gestión, del equipo o del fondo de comercio empresarial.

Suena a broma pero es una verdadera necesidad. En muchos de estos casos ninguna voz representa y protege el interés empresarial, el de los acreedores, de los trabajadores… y las empresas entran en progresivo deterioro por disputas internas o de socios acabando a menudo en el cementerio. Y los niños peleando y peleando acaban destrozando el salón mientras piensan, cada uno de ellos, que el que tiene la culpa de todo es el contrario.

Pensemos pues en poner cuando tenga sentido un “Protector del Valor Empresarial” para hacer de madre protectora de la paz de su casa, estableciéndolo como una práctica de buen gobierno y gestión ética de los conflictos.

Y ¿por qué no prever su nombramiento en los estatutos sociales, pactos de socios, documentos de financiación para los casos de conflicto?